Cuando tenga su más grande razón entre los brazos
entenderá cada una de mis palabras
y los susurros con los que la desnudaba;
temblará como tiemblan hoy los rostros
que decoraban su pared y antigua casa,
arderá mi recuerdo en su garganta cuando a los gritos
calle la verdad que se nos escapaba en aquella última llamada.

—Messieral
MercyVille Crest 5 de febrero de 2,026

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