Dos, Tres, Miles o un Millón


Es tan fino como el borde de un final imprevisto,
como la densidad del agua mientras el viento lo mece,
si escuchaste, alguna vez, a un niño susurrar sus secretos
y viste a un ave herido de muerte suspirar, es así…

Bajan las persianas de la luna, las ciudades bostezan de frìo,
un color nuevo lo inventaron en un beso, dos amantes,
y las mañanas prometen un mejor alimento, un tiempito,
para dos, para tres, para mil y un millón de vecinos…

Me dejas que te abra la puerta de mis tristezas,
me dejas que busque en tu risa mi salvación
y te dejo, no te dejo, cantarle a mi vida una canción
que hable de nosotros, de tus heridas conocidas y su don…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no estás,
vas adherida a mi exterior como armadura que protege
cada paso y cada verbo, cada noche y cada verso desde hoy.
Pasará un río de sangre, un nuevo cometa Halley,
pero ya se habrá secado el gran río del arroz
y dirán te lo dije, lo dirán siempre dos, tres, miles o un millón…

Tú toma mi mano y no te sueltes, no te sueltes mientras puedas,
que la vida es un instante y el instante de tu risa mi tesoro,
que mi tesoro va compuesto de agonías y presagios, de manso calvario
y de cuatro de tus fotos que guardé, cada una para distinta ocasión…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no vas,
estás adherida a mi exterior, como una estrella fugaz domesticada
que se ha quedado a iluminar los oscuros rascacielos y sus sombras, y su azar.

Me lo dijeron dos, tres, miles y un millón de veces también…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 17/04/2016


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