Sabor Cielo


Danzabas despacio al compás
de mil grullas silentes en puntas de pie,
juntabas tus manos rodeando mi cara
para abrir los cerrojos que yo tengo en el alma.

Me enamoré tan inevitablemente de tu verdad,
mientras tú hablabas la yerbabuena sabía besar
y era casi como el mejor de mis versos de amor
tu prudente manera de brindarme sincero calor,
concomitar junto a ti, para descubrir a qué sabe el cielo,
y al descubrirlo jugar a los besos, para ser parte de ello.

Y me conmueve al punto del canibalismo,
que lograras confitar mi alma tan herido,
no hubo beso mejor en mis labios
que tu hoguera infinita, de sabios
momentos en los que me enseñaste
a guardar los tormentos en tu lebruno remanso.

La purpúrea herida cicatrizó, ahora revivo mejor,
la rojiza hendidura besó y aquel último guiño hice canción…

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 31/05/2016
Obra: 8 Infinitos Contables
Poema: 3 de 8


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