Prometeo y Pandora

Sobre aquella habitación
escuché el llanto de un cielo
que lleno de estrellas cansinas
desgarraba en dos partes su pecho.

En aquel suicidio hubo gotas de dolor,
todas las lágrimas del infinito sideral
mancharon de ternura y de tristeza
la corteza terrestre ecúmene de discreto material.

Yo te desnudé, con el alma y con los dientes,
formicante fui al vaivén de una gota tan paciente,
hidrópico si de alcanzar tu amor se tratase,
por un vaivén innecesario detener aquel oleaje
aún me sabe tan demente, aún me sabe tan cobarde.

Y ahora con todo el hambre de mi ímprobo cuerpo,
no te olvido, ni me olvido de la noche en que pude alcanzarte,
y ahora con toda la sed de mi pálida espera, por tu beso,
no me sacia mar alguno, pues me abarca el milagro impetuoso
de dos lunas esculpiendo, a embestidas incansables, el anillo F de Saturno .

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 31/05/2016
Obra: 8 Infinitos Contables

Poema: 5 de 8

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