Síncopes

Comenzar,
como un precipicio herido al pensar,
somos uno en dos, un precioso huracán
de azafrán, de constancia que guardar
para el comienzo de días sin recordar.

Pormenores de una secta virtual,
para ahuyentar a los lobos ingenuos
que han dejado de aullar, de maullar;
síncopes inquietos que nos vienen a llevar.

—Yo era más bien feliz,
con un corazón de oro y un gris
sentimiento de asfixia solitaria
producto de aquella noche cuaternaria
en la que te conocí y conocí
así al iris del mar sudando sin fin…

Paralizar,
las luces del mundo en el natalicio
del más caro de mis vicios, inicio,
drogadicción adicta al suplicio,
para morder la herida en vinilo
que vende este sol a sus hijos.

Arrumacos de ciudades que te abrazan
con los colmillos afilados, que esperanza,
como aquella moneda multinacional
de colores herbívoros, de maleza intencional
y mi tacto herido de tu timidez irracional.

—Yo era más bien candor
del yermo tornado en su resplandor,
la piel cubriendo la cobra insólita
de excelsa y hermosa pubis nórdica;
como una lengua bífida imperial
para el anzuelo de quien te quiere amar…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 26 de diciembre de 2,016

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