Verbos de Templanza

En puerto las cosas no van tan mal, recostado en mi balsa miro al cielo, canto verbos de templanza. Ya no voy a luchar contra la marea, dejaré que las olas me sumerjan, aquí voy a esperarla un día más, sé que vendrá a secarme la piel con sus besos y que su arte será amarme siendo una suma perfecta de todas aquellas que, en vida, me amaron bien.

Y quizás llueva, quizás mi balsa empiece a hundirse, pero no voy a escapar, le estaré esperando, como la aurora a unos ojos que le sepan contemplar, ya la puedo imaginar, la estoy escuchando hablar, el cielo amenaza tormenta  y yo creo que es ella próxima a llegar.

Fueron tantos los años de esperar por un sueño que al final me ha hecho heridas que no puedo sanar, pero a lo lejos hay alguien más, una muchacha de vestido incoloro que trae en la voz verdaderas razones para salvarme, y yo sé que se aproxima, yo sé que estaré bien cuando ella se arrodille frente a mí y con sus ojos llenos de franqueza me invite a ser feliz.

Quizás ella, al igual que yo, no sepa distinguir tan fácilmente con sus ojos la distancia entre el rojo y el café, no tenga ganas de fingir algo que no es y alce la voz para decir lo que siente aunque al mundo le cueste tanto escuchar la verdad, le cueste y cueste.

Quizás tenga, al igual que yo, ganas de amar sin lastimar, quizás tenga sapiencia en vinos y en lugares, quizás quiera aprender que el sexo es un arte, que devino del amor, y no un juguete prematuramente multicolor.

Quizás nunca se canse de caminar, al igual que yo, por las calles principales de esta ciudad, quizás desde el primer instante no nos perdamos el tiempo sin tomarnos de la mano o sin observarnos enamorados, al estar frente a frente en los cafés de la avenida más hermosa del país. Quizás tenga tanto miedo a ser injusta como yo y tenga un leve vértigo que la haga perfecta para mí.

Ya no  me importa el infinito que prometían otros cielos, sólo quiero que llegue y que se quede para hacer cada poema y canción, con la verdad que yo preciso, con el candor de todo lo que soy, que ya le espero, que ahora recuerdo que alguna vez la crucé por la calle y a su sonrisa sonreí.

Quizás le encante el mar como me encanta a mí, quizás, al menos, sepa la diferencia entre Mozart y Beethoven, entre amor y trampa, entre dulzura y crueldad. Quizás prefiera ser feliz y lo seamos verdaderamente hasta el borde fin…

Quizás sea una de esas rarezas hermosas que han leído más libros que los años que ha cumplido y extrañe las smoking rooms, al igual que yo. Viene.

©®MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 29 de mayo de 2,016

Origen: Verbos de Templanza

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