En el tercer acto,
de esencia mortal,
aparecieron tus manos
y yo sin poderlas tocar;
un grito al silencio,
tu frío polar,
amor para ateos
pero sólo al callar.
Y corrían las persianas
de un atardecer, pero,
con un poco de celos
y con mucho dolor,
las estrellas no alzaron el vuelo
entre tus pasiones multicolor.
Caída libre, indecisión,
llanto de un día que desapareció
a la orilla del hermoso infierno
sin tocarnos acercarnos
a un sueño que no duró.
En el tercer acto,
de esencia mortal,
aparecieron tus ojos
y yo sin poderlos rondar…
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Ciudad de Guatemala 21 de junio de 2,017

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