Me eliges, te acepto,
te elijo, te tengo;
y avanzamos sin saber
a qué lugar llegaremos;
nos amamos, sin temer,
sin saber si lo entendemos…
Pero estaba tan azul el cielo
y tan cálida la piel de esa mañana,
que era imposible negar al silencio,
tan ansiado sí; posterior a su pregunta.
Me eliges, decido,
te tengo conmigo;
y avanzamos sin saber
a qué hora empezaremos;
nos tememos, sin amor,
sabiendo bien que lo entendemos.
Y ascendemos al gris del cielo,
en el frío de la tarde en que abrazada
a mi cuerpo juras que el momento
siempre se pronuncia mejor que las palabras…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 22 de agosto de 2,017






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