Te espero,
como ya no espero que el dolor
me inspire el verso
o el veneno;
como resguardo la palabra
del umbral de los huesos
que dejó una mañana
la boca vacía de besos…
Te espero,
como aún espero que el amor
me haga olvidar el sueño
o el hervidero
mortal de cuatro acordes malditos
que se ensayan siempre después del duelo.
Y ya no te espero
en los aromas de dulzura
cuando recorre las calles el sepelio
que inauguran por la muerte de la luna;
no te espero,
porque sabes que de mí no habrá penumbra
que no calle con la lengua enternecida,
ni abanico de mareas para salvar tu atadura…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 19 de octubre de 2,017

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