Púrpura en los ojos
del carboncillo que, a tu voz,
dirigió los versos
que me hacian sentir mejor.

Púrpura en la culpa
que me visitaba en las mañanas
después de hacerte todo el amor,
amor, con esa dosis justa de terror.

Y un color que no distingue
mi boca cobijada por la jaima
de tus huesos y tus pieles
que es hogar y destino de mis ramas.

Púrpura en el pasado
que compartimos con dicha
y con toda la satisfacción
que hoy nos recuerda que una vez nos encantó la vida…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 8 de julio de 2,018


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