En el poema diminuto
que en tu cuerpo sé versar,
con mi lengua y con mi aliento,
quisiera quedarme a morar.
Y que nadie nos diga si eso está bien,
si el placer es en parte corromper.
Y que nadie nos diga si eso está bien,
si el placer siempre empieza al arder…
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Ciudad de Guatemala 6 de agosto de 2,018

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