Déjame solo en la antigua ciudad,
sé bien lo que hay que hacer,
siempre me sé cuidar
y aunque no lo parezca sé lo que ocurrirá…
Si llueve no temas
no se humedece mi alma más que al llorar;
la ceniza no me espanta
todo termina cuando llega el final
y se reinicia, como una semilla en el fondo del mar.
Déjame solo en la antigua ciudad,
mi alma aún no se recupera, comienza a menguar,
pero sé que soy capaz de sanar
y aunque no lo parezca sé bien a dónde me llevará…
Si llueve no temas
no se humedecen mis ojos más que al sangrar;
la ceniza volcánica no me espanta,
ni sus demonios, ni su lava,
ni este dolor que me empieza a brotar.
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Ciudad de Guatemala 15 de agosto de 2,018

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