De madrugada
cuando más seduce la palabra,
cuando el tiempo no usa su coartada
y nosotros recordamos casi nada…
De madrugada
con el sueño empedernido y la mañana
observando muy de cerca nuestras caras;
me precipito y te leo cada vez más guapa
aunque no tengan más sentido mis palabras.
De madrugada
con el cuerpo aletargado de esta nada
que nos impide el abrazo y la cercana
osadía de besarnos como si no hubiese un mañana
esperando por nosotros con la vida que nos llama…
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Ciudad de Guatemala 4 de septiembre de 2,018

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