Duerme en calma la ciudad, dulce, amarga y tan violenta… Rompe fuerte tempestad, llana, lúgubre y cansada… Pero dentro de mis ojos se restaura la promesa del amor, si de pronto observo el cielo con perdón y sin rencor; llorarías de ternura si me vieras cosiendo a mi piel todo lo que había creído perdido y que hoy recuperé…
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Ciudad de Guatemala 11 de septiembre de 2,018

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