Una pequeña lágrima de ébano
adorna sutilmente la izquierda
del rostro hermoso del plano suburbano
y una cítrica lágrima desértica
adorna estrepitosamente la derecha
del rostro hermoso del plano cartesiano.
Y en ninguno de los planos se habla de ti,
en ninguno se recuerda tu bendita opinión;
así que deja de hacerte el tonto queriendo convencerme a mí
de lo que debo pensar o no, de lo que debo sentir o no…
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Ciudad de Guatemala 13 de septiembre de 2,018

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