#WritingChallenge | Día 16

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Año con año, contemplar con la distancia suficiente como las reuniones han ido cambiando de la informalidad a lo concreto; porque un día dejaste de ser niño y al siguiente de ser adolescente, y ahora que eres adulto hay menos amigos, menos reuniones y quizás un poco menos de motivos.

Llevas la mente a la insatisfacción compartida y a las buenas noticias, te preguntas si alguna vez será suficiente el almíbar o el vino, si alguna vez será tiempo de renovar las mismas canciones que hasta ahora has compartido.

Te lleva la mente a la casa de tu colega en la que, gracias a sus padres, todo era permitido, y ni el ruido excesivo, ni la hora, ni las tonterías eran motivo suficiente para dejar de festejar por la nada que a veces trae impregnada la vida.

Y siempre ha sido cómodo burlar algunas formalidades de la vida estando menos solos de lo habitual, también quejarnos de la injusticia que algunos milagros traen adherida; antes una fiesta en la que conociste a la inolvidable chicha, ahora un quejido de rotura de los huesos del destino.

Perder la seriedad al recordar y exagerar nuestros años de inmortalidad, jugar a recrear lo que nunca fuimos; formalidad si alguien muere y poca cordura si la merece; no iré a tu funeral, ni a tu boda, ni a la ciudad que más lloras, conocerás a mi hijo y yo a todos esos hijos que quieres tener y sabremos entonces que nos creció la piel y ahora somos otros, el tiempo el mismo, inminente y perjudicial para los años amigos.

Cada vez más, aferrarse a la seriedad, sentir la belleza de la amistad, quizás poco a poco hemos ido siendo menos al reunirnos, quizás ahora venga mejor reunirnos de dos en dos para hablar de todos los pecados y situaciones que en público da miedo contar.

Pues siempre seremos cómplices perfectos de la fechoría de subsistir, siempre seremos los peores defectos queriendo salir del dolor que nos produce lo que nos pasa a cada cual, sin excepción, en soledad y sin compasión.

Y habrá un lugar de esta enorme ciudad que me recuerde esa vez, o quizás aquella otra vez u otra más que jamás querré olvidar.

No voy a olvidar que estuviste conmigo en el absurdo que creamos juntos, en la pasión del ocio, en el dolor y el clamor, en la sinceridad y en el don, en la caída y el vino, en la sutil perdición y en las secuelas que el  mal amor nos dejó.

Seguro nos seguiremos viendo en los buenos momentos y en nuestra mala suerte, en el perfecto instante de serenidad y en la dulce condena que nos toque afrontar. En el goce de las buenas noticias y en la frialdad de las malas avenidas.

Y cuando necesites de mí, cuando sólo quieras algo, cuando seamos cada vez menos de los que fuimos, cuando falte menos tiempo para la caducidad, para el don y la ciudad sin temor, para llegar y marchar, para anudar y colgar, para anestesiar la verdad, para cuidar la postura frente a los demás, aunque estemos más rotos que siempre y menos vivos que nunca, aunque estemos más vivos que siempre y menos rotos que nunca…

Pasará algún tiempo pero nos volveremos a ver, en grupo, en grupos o en pares pero siempre para compartir las mismas cosas buenas y la insatisfacción, las mismas tonterías y la desilusión; las buenas noticias y el sueño que nunca llegó…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 25 de septiembre de 2,018

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