El miedo intenta respirar
del aroma de nuestro vuelo,
del frío del norte polar
que emana del dulce invierno;
y respira tan cerca de nuestra ciudad
tan deshabitada de consuelo;
se queda llena de toda la ansiedad
que nos obsequió este absurdo duelo.
Y ya no nos asombra la sal
esparcida en desorden sobre el suelo,
ni las manchas de sangre al andar
en el centro de este impávido infierno;
no estamos listos para suavizar
nuestra conciencia dura como acero…
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Ciudad de Guatemala 29 de septiembre de 2,018

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