Ojalá vuelvan mis ojos
a ser acariciados por el amanecer
en aquella playa que fue de nosotros.
Ojalá que no me olvide
jamás la ruta de la espuma
y en la que yo siempre te encontré.
Ojalá que aún sonrías
como sonrío yo al saber
que jamás hubo, en ti, otras manos como las mías…
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Ciudad de Guatemala 30 de octubre de 2,018


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