Después de discutir, de reír,
de volver a decirnos que sí;
a través de aquella llamada
el tiempo frenó su mudanza
y aterrizó con toda imaginación
en el dulce secreto de nuestra ilusión.
Porque la distancia no impidió
que nuestra locura cesara,
ni la belleza de imaginar nuestro amor;
y tú sobre mi pecho cansada
y yo sobre tu luna abreviada.
Porque la distancia no existió
en nuestra habitación cercana,
ni la dulzura de nuestras almas atadas,
a un destino ilógico que los dos construimos
y hacemos posible, sin que nadie sepa nada.
Después de discutir, de reír,
de volver a decirnos que sí;
de adorarnos sin otro fin
que el de volver a sonreír…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 4 de diciembre de 2,018

Deja un comentario