Cuando los cielos comiencen a hablar, yo no tendré miedo porque me he acostumbrado ya a la verdad; alzaré el rostro cuanto me sea posible para aceptar que viví con modesta felicidad, que me hace bien no olvidar las constantes que me guían a un último acorde satisfactorio y final.
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Ciudad de Guatemala 5 de diciembre de 2,018

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