Con el tiempo te vas dando cuenta de que hay llamadas que es mejor no rechazar; que hay afrentas que es mejor ignorar. Con el tiempo tu corazón va entendiendo por quién se deja cuidar, de quien se aleja y de quién es preciso volver a desconfiar. Con el tiempo comienzas a vivir y te olvidas de sangrar.
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Ciudad de Guatemala 11 de diciembre de 2,018


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