Vi, frente a mí, tan enorme palacio
repleto de espinas humedecidas en charcos.
Vi, frente a mí, tan infinitos prados
como infinitos nuestros pecados.
Quise contemplar la grandeza del silencio
contenida dentro de todo lo que habita y sueña un trazo.
Quise amarte hasta después de muerto,
hasta después de vivo y eras encubierto engaño.
No es un reproche, no es momento de vengarlo,
ya no me importas, te he reservado un sitio en el fango.
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 10 de diciembre de 2,018


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