Mis manos estaban azules, de reojo te veía llorar; jamás supe si tu llanto es sincero, jamás supe si tu sueño era real. Mis manos estaban azules, sostenían mi más triste final; jamás supe si tu llanto era cierto, jamás supe si tu beso es verdad…
Azules
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«No vivo, ni escribo para agradar. Escribo como quien deja migajas en el bosque para que el hambre no se pierda».
—Messieral






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