Ojalá me engulla la avenida
y en su final profundo me desaparezca,
ojalá borre las marcas de mi vida
el aburrimiento y la eterna herida.
Ojalá me engulla la avenida
y el vaho de sus muecas
me rompa en mil pedazos la sonrisa,
ojalá la tristeza y la anarquía.
Ojalá me engulla la avenida
que siempre supe maldita,
ojalá se coma mi carne y mi alegría,
ojalá que disuelva cada uno de mis días…
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Ciudad de Guatemala 28 de septiembre de 2,018

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