Ya no me interrumpen tus manos azules que se deslizan a mi orden, ya no me interrumpen tus ganas de atender cada deseo que nace en mi cumbre. Estoy cansado del rasgo inmaterial que deja tu sombría tempestad, estoy cansado de tu engaño suicida que se enorgullece de su inmunda necedad.
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Ciudad de Guatemala 28 de noviembre de 2,018

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