Cuarenta y cuatro fantasmas rondan mi paz interior y un sólo ángel de la guarda, en el que confío con todas mis fuerzas, es capaz de obligarlos a estar en control.
Tanta oscuridad y tanta luz me sumergen, en los sueños que casi siempre me advierten que hay algo más de lo que hay, que todo siempre será mucho más de lo que será…
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Ciudad de Guatemala 18 de octubre de 2,018

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