Crónica de un Día Muerto

Muerto en vida me encuentras; al otro lado de una llamada desde el extranjero. Me llamas y haces feliz, más o menos, por unos instantes. Me pides que no salga a la calle bajo la incesante lluvia, que me cuide y que no muera. Sonrío sin que puedas notar y entender que desde hace media despedida no te presto atención. Las cosas son así a veces…

Muerto en vida salgo a la calle, tal y como pediste que no lo hiciera. Ir por el pan es una tarea prodigiosa y fantástica cuando significa escapar de casa; intentando, en realidad, escapar del cuerpo, del alma y de cualquier fecha inexacta.

He decidido hablar con nadie, no me gusta herir con la indiferencia o la palabra, aunque se me dé tan bien y de formas tan extrañas. He decidido hablar con nadie, ni siquiera conmigo mismo, si te respondí fue porque sabía que me necesitabas un poco más de lo que yo a la silenciosa calma.

Y advierte la dependiente que la barba y el bigote me lucen muy bien -Si me hubieses visto antes pensarías distinto- fue lo único que con las palabras hilvané, antes de volver muerto en vida a la calle, a la lluvia y a ser la sombra de mi ayer.

Olvidé el paso del tiempo de este día y lo que sucedió durante cada hora que tanto odié; porque en realidad no ha pasado nada más que lluvia indetenible y la tristeza de un día perdido que ya fue… De pronto, escucho una canción estridente y de lírica que me sabe a insoportable; y, ya sabes, resucité…

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