La vida dentro de una burbuja es buena y es mala, es efímera y absoluta… Porque aunque no siento mi piel y puedo llegar a ponerla en riesgo; también es verdad que el alma, que siente que no siente, está adormecida. Lo cual produce un estado inconcluso de vida. Por un lado te salvas del exterior que es capaz de sacar lo peor de ti y por otro te aíslas hasta de las personas más importantes y necesarias; de ti mismo incluso…
El mes de noviembre nunca me había pintado un paisaje tan gris; sé que se me aproxima velozmente la edad y las festividades en las que echaré de menos muchísimas cosas irrecuperables, que es el momento de la verdad, de ir por todo o nada; pero no me parece que sean razones suficientes para haber decidido aislarme por completo de muchas maneras.
Y me encuentro en el momento de descubrir lo que en realidad me está ocurriendo, lo que en realidad me está resultando necesario solucionar antes de resurgir como tantas veces, a lo largo de mi vida y quehacer artístico.
La vida en noviembre dentro de una burbuja es buena y es mala, es efímera y absoluta… Y aunque la mayoría de personas, al rededor, en lugar de aportar algo verdaderamente importante, y que me haga querer salir, me hacen desear aislarme aún más; tengo la buena fortuna de algunos seres que están conmigo hasta cuando ni yo mismo estoy.
Sé que lo mejor viene y aunque no tengo muy claro cuándo; vendrá…
Nota del Autor
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