Mordían unos labios,
de serenata y vicios varios,
los míos que encendidos
abordaban sueños rasos…
Todo sabía a pasos incendiarios
cuando la debilidad de desnudarnos
nos sorprendía violeáceos.
Nada sabía a ese pecado
inmortal, de no esperarnos,
para conseguir rimarnos.
Mordían unos labios,
de serenata y vicios caros,
los míos que corrompidos
diseñaban más ocasos…
Anuncios






Deja un comentario