Desde la calle lloraba vencida 
implorando perdón a mi amor; 
pero mi amor no sabe perdonar 
y tampoco sabe mucho del dolor.

Y mientras otra mano me hacía convidar, 
quise ser como el hielo en su coñac; 
no sentir envidia de la hiel al derrapar 
en su vena cohibída o en su sueño de sal. 

Desde la calle lloraba perdida 
implorando perdón a mi amor; 
pero mi amor siempre juega al azar, 
sin saber demasiado de su honor. 

Y mientras otra mano me hacía emocionar, 
quise ser como el fuego en su mirar; 
no sentir envidia de la miel en su trigal 
que abre siempre a escondidas a quien le suele encontrar... 

Desde la calle lloraba encendida 
implorandome un poco más de amor; 
pero yo no la quise escuchar; 
a veces me da por jurar, 
todo aquello que no sé, en nombre de mi falta de pudor.

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