La plaza del centro, de aquella ciudad, fue el escenario perfecto para nuestro reencuentro, para nuestra despedida y para conseguir, finalmente, decirnos la verdad sin titubear…
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«No vivo, ni escribo para agradar. Escribo como quien deja migajas en el bosque para que el hambre no se pierda».
—Messieral
La plaza del centro, de aquella ciudad, fue el escenario perfecto para nuestro reencuentro, para nuestra despedida y para conseguir, finalmente, decirnos la verdad sin titubear…
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