La pena se hacía glaciar
cuando un salto de tiempo nos desprotegía;
aquella era más que, solamente, una ciudad,
aquella era más que, simplemente, su voluntad.
La pena se hacía escuchar
cuando un relámpago esparcía su urgencia;
aquella era más que, solamente, una tempestad,
aquella era más que, simplemente, la adversidad…
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