Podría llenar mis paredes
y mi poesía con tu nombre,
también las avenidas de un diciembre
que me hace tanta falta transitar.
Podría llenar con tu sonrisa el horizonte
y caminar hacia él, con mis pasos insomnes,
también el fuego de mi augurio zodiacal
para que nunca me falte tu norte.
Podría llenar mis constantes
con el aroma de tu cuerpo excitante;
porque aprendí, de pies a cabeza, a desearte,
de pies a cabeza a besarte…
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