No tengo la verdad en mis manos
y tú tampoco, ni ella, ni él o ellos;
no tengo la verdad de mi lado…
Sé que recuerdo un piano caoba
en el que aprendí a solfear,
un profesor de canto que murió
a la sombra de un árbol musical;
el jilguero que pronunciaba
y mis ganas incesantes de cantar.
Pero no tengo la verdad en mis labios
y tú tampoco, ni ella, ni él o ellos;
no tengo la verdad de soslayo.
Sé que recuerdo una guitarra vieja
nacida en Almería con la que hice cantar
a tantas almas como me fue posible,
un amor que me hizo escribir canciones
que a diario interpretaba hasta temblar…
Pero no tengo la verdad en mis labios,
y tú tampoco, ni ella, ni él o ellos;
espero que no nos deslumbre el engaño.






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