Aún arde el fuego en la vela,  
aún no termina la canción;  
aún no se apagan los poemas  
y aún late fuertemente el corazón…  

No podría yo rendirme en la tibieza  
si jamás he sido partidario de la desolación;  
ni podría acabar tan mal lo que bellamente empieza,  
si nunca he sido partidario de la rendición.  

Aún arde el fuego en la vela,  
aún no se acaba, del todo, la emoción.  

No podría yo rendirme en la tibieza  
si jamás he sido partidario de la rescisión… 

MESSIERAL



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