Jugar a Ser Dios

No me gusta jugar a ser Dios,  
a mí me basta con serlo  
y con evitar errar, porque el castigo  
para los débiles siempre es el duelo.  

No me gusta jugar a ser Dios,  
a mí me basta con serlo 
y jugar un poco más con los versos  
que te evocan algo dulce y sincero;  
a mí me bastan los prohibidos besos,  
porque para qué he de tener tantos si están indefensos.  

No me gusta jugar a ser Dios,  
a mí me basta con serlo;  
y olvidarme un poco más  
de la nueva subnormalidad;  
y olvidarme un poco más  
de todo cuanto está a punto de empezar. 

No me gusta jugar a ser Dios,  
a mí no me basta con saber que estoy muerto… 

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