Último Estar

Le hice el amor a un octubre
con rostro neutral;
no reflejaba cielo o infierno
en un su forma desinhibida de besar.

Me colmaba con su canto azul de higuera
y me recorría todo el cuerpo con su tempestad;
yo le quise como el que más, sin preguntar,
hasta el último día, hasta ese último estar…

Era el templo más crucial para el amor
la habitación 202, el falso Jan van Eyck,
el vaso de agua y la biblia color carbón;
el rosario desgastado y esa puerta de caoba que se abrió.

El resto es historia y la historia el candor ceñido a ese dolor
que nos dejó para siempre la posibilidad de algo mejor;
sin el frío de octubre, sin su pecado mortal,
qué sería del recuerdo de aquel mágico lugar.

Era el templo crucial para el no amor
el hijo del agua frente a nosotros,
el ‘Matrimonio Arnolfini’ descomunal
y esa ortiga sin raíces ni deseo por continuar.

El resto es historia y la historia el candor ceñido a este temor
de no volver a encontrarle, de no volver a hacerle el amor;
sin el frío de octubre, sin su pecado mortal,
qué sería del recuerdo de aquel trágico final.

Le hice el amor a un octubre
con rostro angelical;
siempre reflejó cielo e infierno
en su forma desinhibida de temblar…

Nueva Guatemala de la Asunción 8 de octubre de 2,020
MESSIERAL

2 comentarios sobre “Último Estar

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