Cuando te Pierdo

Aquel oleaje arreciaba las voces
que perduraban sobre la arena como un recuerdo;
uno que evocaba finales y comienzos,
uno que aún domina la ruta que dirige al templo,
a ese templo en el que sobrevivo solo,
sin ti y sin miedo a todo cuanto niego.

Pero se acercaban las voces juveniles del pecado
y quién era yo para negarme a tal abrigo;
así que elegí olvidar tu voz y tus motivos
para quedarme a solas con tantos labios ensombrecidos
que no saben tu nombre y tampoco dirían el mío.

Aquel brebaje arreciaba los bordes
que contenían a la marea de mi desvelo;
uno que evoca cristales de entretiempo,
uno que aún se hace el valiente si te pienso…

Porque cuando te pierdo
todo y nada se convierten en un mismo sentimiento.

Nueva Guatemala de la Asunción 9 de octubre de 2,020
MESSIERAL

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