Puedo sentir como rodea el calor mis brazos, mi corteza cerebral, nunca me vi tan herido, nunca me di por vencido en tu final.

Siempre una boca y unos labios, el Ginger Ale de mi existencia y cuatro orgasmos diarios si es que no había tiempo para más; siempre la conquista, el santo grial y aprender a la muerte a emborrachar.

Puedo sentir como se aproxima el frío a mis heraldos, a mi corteza triangular, nunca me vi tan herido, nunca me di por vencido al comenzar.

Siempre una copa y dos labios, el Ginger Ale de mi imprudencia y ocho orgasmos en un día, el de nuestro récord mundial; inminente la conquista, el volver a empezar y aprender a mirar siempre un poquito más.

—M.

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