La Señorita Lydia [Cuento]

A la señorita Lydia no le agradaba en absoluto caminar bajo el sol, a veces, se reía de todo lo que fue capaz de hacer cuando me amaba. Nunca olvidó aquellos paseos por la playa, desnuda, ruborizada, especialmente enamorada del hombre que siempre creyó que soy.

La verdad es que siempre lo he sido pero algunas veces me gusta jugar con las posibilidades; estoy tan seguro del eterno retorno que sé, que en mi próxima vida volveré con mucho más conocimiento de causa, listo y dispuesto a amarla de una mejor manera.

Ella siempre tuvo el tacto fino para complacerme a su manera, siempre le gustó bailar; y cuando bailaba para mí lo hacía con especial esmero. Supongo que una verdadera amante es capaz de perfeccionar su seducción para el hombre que cree tener delante.

Una vez, en su automóvil, me confesó que desde que nos conocimos me convertí en la excepción de todas sus reglas; y aún le creo…

— Messieral.
20 de julio de 2,023.

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