Cuánta soledad hay que soportar,
cuánto menos tiene que importar
para que vengas a mis sueños a brillar;
con el talle de una diosa y el cabello recogido,
con tus manos prodigiosas, prodigioso tu vestido.
Cuánta soledad hay que despreciar,
cuánto menos tiene una mitad
para que vengas a mis sueños sin dudar;
como un anuncio desvestido de ansiedad.
Allí estás, trayendo el cambio necesario
que buscaba sin buscar, el cambio entrometido
que desdibuja el camino recorrido
y abre el cielo a un nuevo trino.
Cuánta soledad hay que desfigurar,
cuánto menos tiene un solo impar
para que vuelvas y signifiques libertad;
con el talle de una diosa y el cabello recogido,
con tus manos prodigiosas, prodigioso tu vestido.
MercyVille Crest, 29 de julio de 2,024

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