Te descubres desnuda sobre mi cama,
sentada sobre las nubes de una buena mañana;
se alejan los horrores, los celos, las pisadas,
aquí nadie te hará falta, todo vino en la mudanza.
Y te despertaría un beso que compuse a mano alzada
sobre labios inferiores de belladonas solitarias.
Te descubres también descalza y abecedaria
con los labios recorriéndome hasta el alba;
se terminan los dolores, los vuelcos, las infamias;
aquí donde nadie sangra todo es alma que no acaba.
MercyVille Crest, 13 de agosto de 2,024






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