Sigues igual que siempre, pero más decaída que nunca, como todas esas mañanas después de entregarnos al sexo sin pudor. Sigues sintiendo esa culpa que solo yo conozco, porque nadie más te ha visto como yo te he visto.

Sigues estando desnuda, y no hay nada más que decir. Si entendieras la relación de pertenencia entre lo que es mío y el momento de liberarlo, sabrías que hay fuerzas que trascienden cualquier clarividencia…

Sigues estando desnuda, y no hay nada más que fingir. En cada calle por la que transitas, de la mano de quien te seas infiel, sigues suspirando con la misma alegría cuando aparezco en tu mente por un asunto que va más allá de la piel.

Sigues igual que siempre, pero comprometida en exceso a no volver a caer en la marea enardecida de mi voluntad y mi placer. Sigues sintiendo esa culpa que solo yo conozco, porque nadie más te ha visto como yo te desvisto.

—Messieral
MercyVille Crest, 3 de octubre de 2,024


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