Desde las alturas el bosque, la niebla y cristales de lluvia que impactan la piel; o quizás una suerte de belleza que aunque sea indescriptible es capaz de mostrarse completa ante la mirada del ser.
No estaba pensando en otra cosa, yo sabía que iba a estar aquí. Como si siglos antes hubiese pisado estas tierras, esta hierba, esta paz…
MercyVille Crest emerge sublime del contacto entre lo humano y lo divino, un encuentro que tiende a ser exacto cuando lo extraordinario —la luz inmensa que se extiende sobre nuestras almas y nuestras cabezas— se manifiesta sin solución.
—Messieral MercyVille Crest, 3 de octubre de 2,024
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