El pabellón de la muerte,
el que tan poca esperanza promete,
nos recibe una vez más,
y puede que esta vez sea la última.
La enfermedad podría ser el milagro
más inoportuno y también necesario
cuando nuestras almas se enfrentan
a rencores incontrolables;
quizás nos ha vencido la grandeza,
y era hora de apreciar las cosas más pequeñas.
El pabellón de la muerte
seguirá guardando historias entre sus paredes,
seguirá viendo milagros suceder;
seguirá despidiendo a las almas hermosas
que no tienen ni un gramo de culpa
en una de las batallas más feroces que tendrán que padecer.
—Messieral
MercyVille Crest, 7 de octubre de 2,024
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