Ir más allá de la luna que nos robó aquel primer beso, sin planearlo, sin querer terminarlo. Escuchar la balada más profunda y el verso menos cautivo, en la noche entre las noches, entre todas ellas, y un desfile de puntos suspensivos que no significan nada cuando más resignifican.
No fue por las estrellas ni su reflejo infinito, tampoco por la manera en que brillaban tus ojos cada vez que sonreías; sabiendo bien que te irías, sabiendo que me iría, y que es parte de la vida no poder conservar la salvación una vez que ya te ha salvado la vida.
No fue por las formas ni su festejo maldito, tampoco por la belleza con que tus labios brillaban cada vez que me veías; sabiendo bien que te irías, sabiendo que me iría, y que es parte de la vida no poder conservar la salvación una vez que le has causado la herida.
—Messieral MercyVille Crest, 13 de octubre de 2,024
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