Observas mi cuerpo
mientras, dentro del tuyo, engrandezco
el más intenso de los destellos;
y te preguntas, con gestos de cielo,
si nos habremos fundido en acero,
en las contradicciones del sexo
o en el temblor del amor venidero.
No responde mi voz,
que tanto provoca a tu oído;
responde el movimiento de mi cuerpo,
que esta vez no es solo mío,
sino nuestro…
—Messieral
MercyVille Crest, 27 de octubre de 2,024
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