Míralos, sin alma, con la risa torcida,
cautivos de una miseria escondida;
fingiendo la perfección con apatía,
sabiendo en sus soledades, malicia.

Pero mueren un poco cada día,
dedicados a la nada intranquila,
que desborda todas sus espinas
sobre lienzos delicados de agonía.

Míralos, sin alma, con la vida en ruinas,
cautivos de una miseria sostenida;
fingiendo la perfección con simpatía,
sabiendo en sus soledades, malicia.

Porque mueren un poco más cada día,
dedicados a la eterna caída,
que destroza todas sus mentiras
sobre lienzos delicados de rutina…

—Messieral
MercyVille Crest, 30 de octubre de 2,024


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