No daré explicaciones ni me disculparé,
me conozco de toda la vida, sé bien que eso nunca lo haré.

Son días complicados, aburridos hasta la muerte,
agotadores de mi paciencia y de sentimientos diferentes.

Ofrecimientos de sumisas, atrevidas,
que buscan en mí a un amo; y yo,
que tan fácil me distraigo, a veces no sé ni de qué hablo.

Quizás sea la ternura que tanto me falta,
el cariño de mi mejor amiga,
a quien no escribo desde el viernes,
para no contagiarla con esta ira que me embarga.

Sonrío, esto es un espectáculo,
incluso mi respiración, cuando se calma,
sabe que algo hago bien,
pues nadie lo ha notado,
nadie lo comprende, nadie sabe nada.

Nunca vi un amor tan inconstante, maldita sea,
tenía que ser justo ahora;
jamás vi tanta tentación desaprovechada,
nunca sentí mi conciencia tan exigida
a procurarme la paz tan anhelada.

Hablo con calma frente a otro film de horror,
una herida más sangrienta que la anterior;
enloquezco, porque hace falta enloquecer
para soportar esta cruda realidad.
No me extingo aún, no es momento,
pero si pudiera, me iría, sin vuelta ni lamento.

Manu Chao estará en la ciudad y no iré a su concierto,
maldita sea, otra razón más para respirar
con lentitud, al borde del desconcierto.

Son días complicados, aburridos hasta la muerte,
agotadores de mi paciencia, de mis sentimientos inertes.

Quizás alguna de ellas acaricie mis llamas al dormir,
duermo tan poco, exijo horas en la pasión;
¿para qué demonios estar vivo sin emoción?

No daré explicaciones ni me disculparé,
me conozco desde siempre, y ya sé lo que haré…

Anuncios

—Messieral
MercyVille Crest, 11 de noviembre de 2,024

Deja un comentario

Últimas Entradas

Entradas más Vistas