Por la necesidad de extender
el alma que es conciencia absoluta
hacia coordenadas insospechadas,
me es necesario volver a escribir;
sin descanso, con desdén
y a perjudiciales horarios para la cordura.
Incendiar un poco el mundo,
devolverle así el favor;
de tantos años de luto,
de tantos amores increíbles,
de tantos años trágicos y de fastidio,
de tanto sexo hermoso
tan cercano al sabor de mi vino favorito.
Y cantar las canciones que durante tanto tiempo
han sido el gran motivo de conservarme aquí,
de conservarme vivo.
Acaba un ciclo y otro comienza,
dejar de querer es sencillo
cuando el daño está hecho;
seguir amando para siempre
es complejo y absoluto
cuando la gratitud es más grande que el olvido.
Incordiar un poco al mundo,
devolverle así el favor;
de tantos años absurdos,
de tantos amores infalibles,
de tantos años mágicos y del gran abismo,
de tanto sexo delicioso
tan cercano al sabor de mi sitio preferido.
—Messieral
MercyVille Crest, 9 de diciembre de 2,024






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